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Eficiencia energética de los electrodomésticos

La eficiencia energética es una práctica que tiene como objeto reducir el consumo de energía. En una casa, los electrodomésticos suponen una gran parte del consumo energético, por lo que eligiendo electrodomésticos más eficientes (y modificando los hábitos de sus habitantes) reduciremos el consumo energético y la factura de la luz de nuestra vivienda.

En Europa, la mayoría de los electrodomésticos tienen un etiquetado especial denominado etiqueta energética que viene a mencionar la eficiencia en el consumo y el respeto con el medio ambiente. No todos los electrodomésticos poseen la etiqueta, solamente aquellos que consumen mucho o que pasan encendidos gran parte de su vida útil como son: frigoríficos y congeladores, lavadoras, lavavajillas, secadoras, fuentes de luz domésticas, hornos eléctricos y aire acondicionado. Los fabricantes están obligados a incluir esta etiqueta indicando el consumo energético anual y, en el caso de algunos productos, la etiqueta también señalará el consumo de agua y el nivel de ruido y de calor.

El sistema europeo de etiquetado de eficiencia para electrodomésticos existe desde 1994 con el objetivo de fomentar la fabricación de productos de bajo consumo y reducir las emisiones de dióxido de carbono en los hogares. La etiqueta expresa la eficiencia energética de los electrodomésticos en una escala de 7 clases de eficiencia, identificados mediante un código de color y letras, que van desde el verde y la letra A (con tres grados de eficiencia A+, A++ y A+++) para los equipos con mayor eficiencia (menor gasto, mayor ahorro), hasta el color rojo y la letra G para los equipos de menor eficiencia (mayor gasto, menor ahorro).
El número máximo de clases será siempre de siete, de tal manera que si un nuevo producto que utiliza menos energía se clasifica como A+, la clase menos eficiente será la F (y no la G), y así sucesivamente (a un nuevo producto de clase A++ le corresponderá la clase E como la menos eficiente y a uno A+++ le corresponderá la clase D).
Un electrodoméstico de clase A es más caro a priori que uno de clase G, pero a lo largo del tiempo consume y contamina mucho menos (menos agua, menos energía y mayor eficacia en su cometido), por lo que la correcta elección de un electrodoméstico puede suponer un ahorro económico.


Recientemente, el Parlamento Europeo (encargado de determinar las clases energéticas de los productos etiquetados) ha aprobado la nueva etiqueta energética para los electrodomésticos. Se trata del retorno a la etiqueta que va de la clase A a la G (eliminando las engorrosas clases de A+ a A+++). La etiqueta actual será modificada progresivamente a partir de finales de 2019.

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