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DDT, un peligroso insecticida

Químicamente el DDT es un compuesto organoclorado incoloro y cristalino, muy soluble en las grasas y en disolventes orgánicos, y prácticamente insoluble en agua. Fue el primero de los insecticidas de la 2ª generación.

Fue sintetizado en 1874 pero su uso como insecticida comenzó en 1939 cuando el químico suizo Paul Hermann Müller descubrió sus propiedades como veneno para los insectos y su baja toxicidad para los humanos. Este científico recibió el Premio Nobel en 1948 en reconocimiento al impresionante avance que este producto había representado en la lucha contra enfermedades y plagas.

Se calcula que en los primeros años de uso del DDT se evitó la muerte de 5 millones de personas cada año, además de la protección de cosechas y del aniquilamiento de insectos domésticos. Así, por ejemplo, en la India, en 1952 hubo 75 millones de casos de malaria y en 1964, después de usar masivamente el DDT, 100.000 casos.

Pero conforme se fueron descubriendo algunos importantes problemas asociados a su uso, empezó a ser cada vez menos utilizado. La máxima producción de este insecticida se produjo en 1970 y a partir de entonces se fue prohibiendo su uso y descendiendo su producción.

El motivo de este declinar fueron los graves problemas que se detectaron. Es un producto de lenta conversión a sustancias no tóxicas en la naturaleza con una persistencia media de unos 3 años. Es muy poco soluble en agua, lo que hace que no se elimine en la orina y es muy soluble en grasas, por lo que se acumula en tejidos de los organismos. Por estos motivos se va acumulando a lo largo de la cadena trófica. Así, por ejemplo, el DDT que se extendía sobre un cultivo se encontraba en una concentración bajísima en las plantas, pero en los insectos que se alimentaban de estas plantas estaba ya en concentraciones diez veces mayor; y si el insecto resiste al DDT será comido por ranas en las que el DDT alcanzará concentraciones 100 veces mayores que las de las plantas; y las rapaces que comen a las ranas llegan a tener concentraciones 1000 veces mayores.
El DDT se acumula en la cadena trófica
En 1962 Rachel Carson exponía todos los peligros ecológicos derivados de la utilización del DDT en su libro "Primavera Silenciosa", llegando a alegar incluso que acabarían desapareciendo todos los pájaros del mundo si se seguía usando este insecticida. A raíz de ello, la Agencia de Protección Medioambiental de EEUU (EPA) prohibiría el DDT en 1972. El juez administrativo nombrado por la EPA, Edmund Sweeney, tras siete meses de audiencias concluiría: "el DDT no es un riesgo cancerígeno para el hombre... el uso del DDT bajo las regulaciones involucradas aquí no tiene un efecto deletéreo para los peces de agua dulce, organismos estuarianos, aves silvestres u otro tipo de vida salvaje". A pesar de ello, el administrador de la EPA, William Ruckelshaus, desestimó la opinión del juez y prohibió prácticamente todos los usos del DDT por considerarlo un "carcinógeno potencial para el hombre".


En 1969 el DDT fue excluido de la lista de sustancias activas autorizadas para el uso en productos de protección de plantas en muchos países, para protección de plantas contra plagas y pestes. Y, actualmente, está prohibida la producción, uso y comercialización de todos los productos de protección de plantas que contengan DDT.


Uno de los principales efectos de estas concentraciones de DDT fueron sobre la reproducción de las aves, porque sus huevos tenían unas cáscaras extraordinariamente finas y frágiles y muchos se rompían durante la incubación. De esta forma las poblaciones de algunas especies de aves disminuyeron de forma alarmante. Otro importante problema fue que muchos organismos desarrollaron resistencia y para luchar contra ellos había que emplear cantidades cada vez mayores del producto y con menor eficacia.
 
Además, como sucede con muchos insecticidas organoclorados, el mayor objetivo de la exposición aguda al DDT es el sistema nervioso. La administración a largo plazo del DDT ha dado lugar en los animales a efectos hepáticos, renales e inmunológicos.

En mayo de 2005 el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) en la primera reunión del Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes planteó la eliminación de 12 compuestos considerados "plaguicidas y productos químicos industriales peligrosos que pueden matar a la gente, producir daños en el sistema nervioso e inmunológico, provocar cáncer y desórdenes reproductivos, así como perturbar el desarrollo normal de lactantes y niños", entre los cuales se encontraba el DDT, cuyas características entraban en la clasificación de: "altamente tóxicos; estables y persistentes con una duración de décadas antes de degradarse; se evaporan y se desplazan a largas distancias a través del aire y el agua, y se acumulan en el tejido adiposo de los seres humanos y las especies silvestres".

Pero en setiembre de 2006 la Organización Mundial de la Salud (OMS) anunció que el insecticida volvería a ser parte de su programa para erradicar la malaria fumigando el interior de residencias y matar así a los mosquitos que transmiten la malaria. Estudios científicos muestran que la utilización del DDT en interiores asociado a mosquiteras es efectivo en la prevención de la malaria y no presenta los peligros para la vida salvaje.

Los defensores del uso del DDT argumentan que este es un método eficaz contra la malaria; afirman que gracias a ella la malaria desapareció de Europa. Defienden su idoneidad basándose en la eficacia que le atribuyen, junto con el bajo coste de su aplicación y el hecho de que no tenga problemas de patentes. No obstante, la comunidad ecologista y parte de la comunidad científica duda de esta benignidad, y existe consenso para atribuir potencial nocivo y en muchos casos cancerígeno al DDT.

Tratándose de una cuestión en la que intervienen intereses económicos y grupos de presión, los estudios de ambas partes no han sido aceptados de manera concluyente y definitiva, aunque de forma generalizada se acepta que el DDT no es un compuesto inocuo para la cadena trófica.

Webgrafía:
DDT: Weapon Against Disease - Documentary Film (1945)

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